Cada Escuela debe tener seguramente su propio talante, una textura en la relación, un propósito a la Luz de la mirada del alma que configura la necesidad de comprensión del tiempo de cada espacio.
Esta Escuela ha escogido dar una relevancia especial a la relación con nuestros semejantes. En verdad, a la relación con todo, pues toda relación refleja nuestra conciencia. No hace falta argumentarlo, como tampoco es necesario poner de manifiesto la necesidad de sanación que piden nuestras relaciones interpersonales. A eso le debemos esta Escuela. Y para eso rezamos y convocamos al Amor de este modo:
Deseo que éste sea un instante santo para mi, a fin de compartirlo con mi hermano, a quien amo.
Es imposible que se me pueda conceder a mi sin él o a él sin mi.
Pero nos es totalmente posible compartirlo ahora.
Elijo, por lo tanto, ofrecerle este instante al Espíritu Santo,
para que Su bendición pueda descender sobre nosotros, y mantenernos a los dos en paz.